Cañete es casi un centro de peregrinación para los nikkeis, pues cada año llegan a la provincia del sur de Lima para recordar a los antepasados. El último fin de semana celebraron el Ohigan, llevando ofrendas y elevando oraciones en los cementerios donde descansan los restos mortales de los primeros inmigrantes.
Desde el centro Cultural Peruano Japonés partió la comitiva conformada por los directivos de las distintas instituciones de la colectividad. El grupo estuvo encabezado por Abel Fukumoto, titular de la Asociación Peruano Japonesa.
En Cañete uno de los puntos de visita fue el cementerio japonés Casa Blanca, donde la reverenda Fabiana Somayama, de la escuela budista Honpa Hongwanji, realizó un oficio budista en el que los presentes colocaron osenko en memoria de los fallecidos.
Lo propio se hizo en el Cementerio General de Cañete, donde se dejaron ofrendas florales y se oró por los pioneros de la inmigración.
Cabe destacar la presencia de los colegios nikkeis, una buena iniciativa que les permite mantener y comprender las costumbres japonesas.
Finalmente se llevó a cabo la ceremonia en el templo Jionji, con la participación de todos los presentes. Aquí, el presidente de APJ destacó los valores heredados por los isei y su transmisión a las siguientes generaciones.
El anfitrión, Miguel Gusukuma, presidente de APJ Cañete, destacó la presencia de los nikkeis que cada año llegan a orar por los ancestros. (Fotos: Daniela Goya)