Obon, fiesta y respeto a los antepasados, se realizó en Cañete con la participación de 150 nikkeis, quienes acudieron a la romería en el cementerio Casa Blanca, así como en el camposanto de San Vicente. El recogimiento y la reflexión tuvo lugar en el templo budista Jionji, en la ceremonia celebrada por la reverenda Fabiana Somayama de la Comunidad budista Honpa Hongwanji. Por primera vez asistió Shigueru Iida, primer secretario y cónsul de la embajada del Japón.
La llegada a Cañete fue al mediodía, el acto de homenaje a los fallecidos se inició en Casa Blanca, con las oraciones y con la tradicional colocación de osenko para recordar a los pioneros de la inmigración japonesa.
La directiva de la Asociación Peruano Japonesa de Cañete, presidida por Guillermo Gusukuma, recibió a los concurrentes a la romería.
Luego de la romería en el cementerio San Vicente, tuvo lugar la ceremonia budista en el templo Jionji, Previamente, la Asociación Urasenke Tankokai del Perú ofreció una ceremonia de té a las almas de los antepasados de la colectividad peruano japonesa.
La reverenda Fabiana Somaya rindió culto a los inmigrantes japoneses. Detalló que la celebración de obon es porque los espíritus de los muertos vuelven por un día al mundo de los vivos.
Fabiana, quien radica en Brasil, vino al Perú especialmente para estar presente en Cañete.
Después de la ceremonia, las socias de la Asociación Peruano Japonesa de Cañete sirvieron el almuerzo de sopa seca cañetana, carapulcra y arroz con pollo.