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Pedro Komatsudani, historia de superación y perseverancia

Pedro Akira Komatsudani Sakuma puntualiza que él no es un empresario exitoso, sino es un trabajador que no se detiene en lo que es producción.


Hijo de inmigrantes de la prefectura de Hiroshima, su vida ha sido marcada en diferentes etapas, primero en su infancia, a los 6 años, cuando fallece su mamá en Jauja; después, a los 13 años, comienza a atender en el negocio de su papá en La Parada. Desde entonces bajo ninguna circunstancia ha dejado de trabajar.

"Yo soy un trabajador, no soy un empresario exitoso, en mi vida he tenido fracasos, alzas y bajas, por eso no me siento exitoso", subraya el actual fiscal de la Asociación Peruano Japonesa y quien desde el 2000 es el creador de Entre Cerros Casa Club Sayán, un lugar indiscutible por sus atracciones turísticas, que es la revelación de la inspiración duradera de Pedro Komatsudani. Está a tres horas de Lima, sin embargo, allí no hay invierno, más bien hay sol los 365 días del año. Por el florecimiento del cerezo, prácticamente la primavera comienza a finales de agosto.

En este ambiente conceptual, Komatsudani Sakuma trae a su mente la vivencia de sus 73 años, que comienza con la llegada al Perú de su papá Gunichi Komatsudani y su mamá Fumiko Sakuma.

Pedro Akira Komatsudani es el mayor de sus dos hermanos, cuando fallece su mamá él y su hermana Nelly  se quedan en Lima. Alberto, hermano último, le llevaron a Chimbote sus abuelos maternos.

"TRABAJITO DE OBRERO"
Al enviudar, Gunichi Komatsudani buscó trabajo en la hacienda Neveria, administrada por Sadao Masuda. "Como eran amigos le dio una gauchada a mi padre, un trabajito de obrero para que maneje una bomba que succionaba agua de un reservorio. La esposa de Masuda fue quien nos crió a mí y a mi hermana, nos dio los alimentos y cuando nos enfermábamos ella nos curaba, la señora se portó con nosotros como la segunda mamá", rememora con gratitud.

"MAMÁ DE RODOLFO MASUDA FUE NUESTRA SEGUNDA MAMÁ"
Harue Masuda, mamá de Rodolfo Masuda, ha sido una persona muy recta, le gustaba la disciplina por encima de todo. Komatsudani narra una anécdota. "Yo tuve un problema estomacal, con fiebre, la señora me dijo, Akira ya preparé la lavativa ven aquí te voy a aplicar. Yo pensé, eso no va conmigo y la señora me persiguió en una enorme cancha de fútbol, tras mio ella corría, no pudo agarrarme, pero ella estaba segura que en algún momento yo iba a ir a la casa, me esperó con suma paciencia. Llegué a las 6 de la tarde, me quedé sentado en la puerta, en la espalda sentí una mano y la señora me dijo, oye ven para acá, bájate los pantaloncitos y viene la enema, por supuesto que fue el remedio para el problema estomacal".

DIRECTO A MENDOCITA
En la hacienda, Akira estuvo hasta el tercero de primaria, tuvo que venir a Lima para seguir estudiando, su hermana Nelly se quedó con su papá. Se matriculó en la escuela fiscal Javier Prado 441 ubicada en Mendocita, La Victoria, una zona maleada por la delincuencia.

"Yo venía de la chacra todo inocentón, todo cholito, así me trataban en la escuela, se burlaban de mis ojos, me decían chino, ojo jalado con pita", asevera acerca de lo que fue su experiencia en Mendocita. Y allí donde Akira aprendió a defenderse, a trompearse con los puños, con la patada, con tierra, con piedras, ladrillo, correa, con todo lo que tenía a la mano.

Pedro y su papá vivían muy cerca de Mendocita, en el colegio Javier Prado  los alumnos "eran una sarta de vagos, se tiraban la pera, para ellos era una hazaña, un lujo". En cambio para Komatsudani Sakuma era una vergüenza, porque su papá tuvo una disciplina muy fuerte y rígida, con lo que educó a su hijo.

VIDA EN LA PARADA
El hijo mayor de Gunichi comenzó a estudiar secundaria en Hipólito Unánue, cuando trascurrieron 15 días su papá se enfermó del estómago durante 3 meses. Komatsudani dejó el colegio durante 2 años porque tuvo que hacerse cargo del pequeño negocio de abarrotes en La Parada. Llegó un momento en que se dio cuenta de que ya no quería seguir allí, no obstante  estudió la secundaria en vespertina, de 6:30 a 10:30 de la noche y trabajó en el negocio de su papá desde las 5 de la mañana.

El orgullo y felicidad de su papá fue cuando Akira estaba en el tercer año y el colegio Hipólito Unánue le dio a su hijo un diploma por ser el mejor alumno, por el aprovechamiento y por la buena conducta. "Yo recién recibía un diploma por buena conducta y me sentía un campeón, que podía hacer algo con mi esfuerzo, entendí que la vida es dura pero si es que tú te enfrentas tienes resultados. Allí comencé a dar y dar, creo que en toda mi vida he tenido alzas y bajas, sin embargo, considero que la vida ha sido muy gentil conmigo, me ha dado mucha felicidad", afirma con seguridad el hoy empresario Pedro Komatsudani, quien ha viajado por muchos países por la función empresarial.

Al terminar la secundaria se preparó para postular a la UNI,  tuvo notas muy bajas en cada uno de los exámenes, entonces un profesor le sugirió que como no podía ingresar a la universidad lo mejor era seguir trabajando en La Parada.

"Yo decidí no estudiar porque tenía que trabajar para poder vivir", entonces siguió  en el pequeño negocio de su papá.

Precisamente por su dedicación al trabajo desde adolescente, muchos ojiisanes que vivían al lado del cerro San Cosme lo consideraban un muchacho modelo. "Yo creo que es la responsabilidad y uno lo va tomando, yo no era juerguero, por ejemplo, no sé bailar, nunca he bailado con mi señora", dice el propietario de Entre Cerros Casa Club Sayán.

Después de la secundaria Pedro Komatsudani comprendió que no podía quedarse sin estudiar, por lo que lo hizo en programas, en cursos en la Universidad San Marcos, en ESAN, en la Universidad de Lima. De esta manera aprendió a ser empresario.

ADORA A ISABEL ALLENDE, ADMIRA A DORIS MOROMISATO
En segundo de secundaria le interesaban las clases de literatura y nació su pasión por la lectura, compró libros de segunda mano, sobre todo obras románticas. En la actualidad el poco tiempo que tiene libre se entrega a Isabel Allende. La escritora chilena es su adoración, ha leido cada una de sus obras.

Es seguidor de las obras del escritor japonés Haruki Murakami. El único libro que está pendiente es 1Q84, la más reciente novela de Murakami.

Entre escritores nikkei, admira a la poeta Doris Moromisato, especialmente por su obra Chambala, el lugar donde también vivió Akira Komatsudani.

"MI FELICIDAD ES ANGÉLICA"
Por la estrecha amistad entre Gunichi Komatsudani y Tetsujiro Takagaki, Pedro y su papá visitaban a Takagaki en el Rímac. Los mayores se dedicaban a conversar de sus años jóvenes, ambos eran vecinos en Hiroshima. A Akira lo dejaban sentado en la oficina, por lo que desde un inicio le llamaron la atención las piernas de Angélica Takagaki.

"Era una chica trabajadora, silenciosa, muy educada, me impresionó cuando me dio chocolates, porque yo estaba misio no tenía con qué comprarle". De esta manera a Pedro Komatsudani se le abrió un futuro seguro. A los 23 años empezó a trabajar en Takagaki como barredor, moler el maíz, repartir cargas, vendedor de los alimentos balanceados. El enamoramiento con Angélica fue creciendo y el papá de Angélica le enseñó a Akira el manejo de la empresa Takagaki.

Komatsudani recuerda que Takagaki ya intuía que él estaba enamorado de su hija. Angélica y Pedro se casaron hace 48 años, en el 2013 van a cumplir las bodas de oro. Para el empresario Komatsudani la unión con su esposa fue el momento más feliz de su vida. Ahora la satisfacción única es cada sábado, porque ese día él cocina para sus dos nietas, Naemi Ishida y Saori Ishida.

"Los sábados son días sagrados, me dedico a mis nietas y ellas son sagradas para mí, soy el cocinero de ellas, desde el lunes me piden lo que les voy a preparar el sábado", afirma con una expresión auténtica y sincera lo que es la dicha.

La evocación permanente de su papá le lleva a 1946. En la chacra no había luz, no había radio ni televisión. Siete de la noche era una oscuridad y de inmediato salían las estrellas.

"En una colina nos echábamos con mi padre para contemplar las estrellas, él me preguntaba: Akira, de todas las estrellas ¿cuál es la que más te gusta? Yo veía el astro más brillante y dije: papá me gusta esa estrella, él me respondió: está bien que te guste, pero no solamente te quedes a mirar, si no adquiere un compromiso contigo mismo, en la vida tienes que ser una estrella y para serlo tienes que luchar, tienes que trabajar. Esa estrella siempre es grande, luminosa, constantemente me ha guiado mi vida y yo sigo viendo esa estrella". El lugar para reflexionar viendo a la estrella es Entre Cerros Casa Club Sayán, allá no hay límites para levantar la mirada y contemplar las estrellas para rememorar a Gunichi Komatsudani.

"Los fiscales de la APJ estamos limitados"
Pedro Komatsudani Sakuma forma parte del equipo de los 5 fiscales de la Asociación Peruano Japonesa (APJ).
Dice que no es una fiscalización real en la APJ, porque los fiscales no disponen del tiempo suficiente, por lo que para fiscalizar están los organismos internos de la institución, auditoría externa e interna.
"Lo que hacemos los fiscales es conocer el funcionamiento de la APJ, así como los deparmentos claves de la institución", señala.
Según Komatsudani, solo la presencia de los fiscales escarapela un poco el cuerpo de algunas áreas. Esclarece que  no es la intención de los fiscales llamar la atención, "más bien estamos en plan de paz".
Indica que lo que se necesita es mejorar la labor de los fiscales de la APJ, disponiendo del tiempo suficiente.
"Nos reunimos obligatoriamente una vez al mes, después tenemos la reunión con los tesoreros, luego con la junta de representantes de la APJ, prácticamente son tres reuniones obligatorias que tenemos al mes", indica.
Puntualiza que los fiscales no manifiestan ninguna observación de la APJ, "sólo escuchamos las informaciones, no hay decisión, porque los fiscales de cuco no tenemos nada, al contrario tenemos un cargo decorativo más que otra cosa".