La prosperidad japonesa en gran parte fue gracias al tanomoshi, juntas o pandero, que consiste en un sistema de ayuda mutua, mediante el cual los comerciantes japoneses se apoyaron económicamente.
Al finalizar los contratos de trabajo en las haciendas o cuando tuvieron que huir por la situación precaria, un gran número de inmigrantes japoneses migró hacia las zonas urbanas con el objetivo de buscar trabajo independiente, optando por quedarse a vivir en el Perú.
"Los inmigrantes japoneses en las ciudades: oficios y negocios" es el tema de la exposición mensual del Museo de la Inmigración Japonesa Carlos Chiyoteru Hiraoka. Una vez que habían logrado reunir capital, los japoneses abrían negocios que no requerían una gran inversión como peluquerías. Posteriormente, aparecieron las bodegas, restaurantes, camiseríaa, relojerías, entre otras.
Ya había transcurrido más de una década desde que arribaron al Perú en 1899 por lo que surgió además la necesidad de agruparse tanto en asociaciones locales, regionales, así como agrupaciones de comerciantes.
Una de las primeras ocupaciones de los inmigrantes en las ciudades fue la de peluqueros. En 1904 existía en Lima una sola peluquería japonesa, atendida por el dueño y el ayudante. En 1907 se fundó la Asociación de Peluqueros Japoneses, primera agrupación comercial japonesa que se formó en el Perú, integrada por cincuenta establecimientos.
Con el paso de los años esta tendencia se acentuó hasta que más del 80 por ciento de los inmigrantes japoneses se había establecido en las zonas urbanas.
EN EXHIBICION
Una balanza de bodega, la misma que se muestra en la foto, e implementos de peluquería, son las piezas del mes, que recrean aquella época del traslado de los inmigrantes japoneses a las zonas urbanas.