P. Mauro Vallejo, OFM (*)
Debido a la peligrosidad del contagio en la pandemia que nos está tocando vivir, en muchas ocasiones no se pueden celebrar las exequias como nos gustaría, ni con la asistencia de tantos familiares y seres queridos del difunto como quisiéramos, ni siguiendo el ritual que nos hubiera gustado celebrar.
Así, el difunto es sepultado –o son depositadas sus cenizas– en condiciones, podríamos decir, adversas para su familia y allegados. En algunos países, se permite participar en la comitiva para el enterramiento o despedida para cremación de la persona fallecida, si bien, para evitar contagios, se restrinja tal participación a un máximo de tres familiares o allegados, además del sacerdote.
Aunque, movidos por un creativo cariño, esos familiares y allegados consigan unirse a la ceremonia a través de la grabación que desde el celular envía quien esté asistiendo presencialmente.
La gracia sigue presente (acción de Dios)
Un principio básico de toda la economía de la Salvación y de la acción salvífica de la gracia divina en nuestras almas, es el de “la infinita misericordia de Dios”. Principio este que en el período de pandemia alivia sobremanera cuando nos encontramos con casos en los que no se ha podido atender espiritualmente a los difuntos, tal como nos hubiera gustado, porque bien lo hubieran merecido.
El Señor, en su misericordia, dispensa las gracias necesarias para nutrir de su infinito amor las celebraciones litúrgicas que por causas intempestivas y de fuerza mayor no puedan celebrarse como quisiéramos, ni ser presenciadas –rezadas– por cuantos quisieran acudir a ellas. La Iglesia, nuestra gran familia de fe, está orando, nuestros sacerdotes siguen ofreciendo eucaristías en sufragio de las almas de los fallecidos; la Iglesia está presente en espíritu.
Naturalmente, finalizada la pandemia podrán celebrarse los funerales correspondientes, ya multitudinarios y sin las estrictas restricciones impuestas por la COVID-19, que a su debido tiempo no pudieron acompañar los enterramientos –o depósitos de cenizas– de nuestros queridos difuntos.
La Eucaristía, podrá ofrecerse por el difunto, Misa de difuntos, en sufragio por su alma.
(*) Este artículo está dedicado a la comunidad nikkei “que tanto aprecio y recuerdo”.