Por: Daisuke Tomaru
Seiki Kina es un joven nikkei yonsei y vicedirector de Seinenbu de Perú Kitanakagusuku Sonjinkai de 2019-2021 que tuvo la oportunidad de conocer la tierra de sus antepasados, Kitanakagusuku son, en Okinawa, gracias a la beca que otorga la localidad.
¿Cuánto duró la beca?
La beca duró desde el 26 de agosto hasta el 22 de noviembre del 2019.
¿Cuál fue el motivo de participar como becario de Kitanakagusuku-son?
La beca surge como una forma de agradecimiento para los primeros migrantes, que vinieron de Okinawa a Perú a partir del año 1906, y que fue gracias a su apoyo que ayudaron a paliar las épocas de hambruna que se tuvieron antes, durante y después de la II Guerra Mundial.
En mi caso, a mí me motivó mucho el recuperar el contacto con mis raíces okinawenses, el entender quiénes somos y de dónde venimos para ayudarnos a encontrar nuestra identidad cultural dentro del Perú. Para mí, muchas de nuestras costumbres y tradiciones se han ido perdiendo en el tiempo y creo que el conocer cómo surgieron me ayuda a entender el por qué se hacen y ayudar a transmitirlas a las nuevas generaciones, para que no se pierda nuestra conexión cultural con Okinawa y con nuestros ancestros.
¿Cuál fue su primera impresión de Okinawa?
La calidez, no solo del clima, sino sobre todo de su gente. Me sentí bienvenido en todos lados, como parte de una gran familia.
Algunas personas dicen que aunque estudiaron japonés, no es fácil de dominar este idioma. ¿Qué tipo de esfuerzo hizo usted para poder comunicarse con la gente de Kitanakagusuku-son?
Es cierto. El dominio del japonés es difícil, y más aún en mi caso que no estudié en un colegio nikkei y en mi casa se habla más uchinaaguchi (ウチナーグチ・沖縄方言), el idioma de Okinawa, antes que nihongo. Yo llevé clases particulares de nihongo durante los meses previos a la beca, y gracias a eso pude aprender más rápido y desenvolverme con cierta facilidad. Además, trataba de conversar todo lo que podía en nihongo con mis amigos, para acostumbrarme a la pronunciación y la gramática del japonés. También me dediqué a ver series y películas para asimilar un poco sobre las formas de hablar, la cultura en general y las costumbres del día a día.
¿En el programa de la beca, qué aprendió usted y qué tipo de actividad realizó?
En esta beca, junto al becario representante de Argentina, Dany Hokama y la becaria de Brasil, Bruna Sueko Higa (la beca de Kitanakagusuku-son se desarrolla con tres becarios a la vez) tuvimos la oportunidad de tener clases de Ryūkyū buyō (琉球舞踊, bailes tradicionales de Okinawa), nihongo, shodō (書道, caligrafía), sanshin(三線, instrumento típico de Okinawa), uchinaaguchi(ウチナーグチ)e incluso, por primera vez durante esta beca, también clases de karate. Cada una de estas clases no solo nos dio grandes enseñanzas en lo teórico, sino que también fueron una gran oportunidad para acercarnos más a la cultura de Okinawa.
Gracias a la municipalidad también tuvimos la oportunidad de llevar clases en la universidad de Ryūkyū (琉球大学)sobre la inmigración con becarios de Nishihara, Onna, Kin y Ginoza. Poder aprender y las historias que compartimos desde cada país, con becarios de Hawai, Argentina, Brasil, incluso otras historias de Perú fueron todas distintas, pero también nos hizo comprenderlas como parte de una historia más grande: la diáspora okinawense, y cómo no se puede entender el presente de Okinawa sin ver la historia del pasado, de los pioneros de la inmigración.
También con otros becarios nos organizamos para ir al Museo de la paz que conmemora a los caídos durante la batalla de Okinawa en la II Guerra Mundial, la cual fue una experiencia extraordinaria. Desde chico tuve a mi ojii que me contaba historias de la guerra, además de lo que leí y averigüé en libros y por otros medios; pero estar ahí, ver directamente las fotos le da otra dimensión a los hechos. Conocer de cerca los horrores de la guerra, pero también la capacidad de resilencia de los uchinaanchu me hizo darme cuenta de que estar en Okinawa y conocer estas historias también nos da el deber de mantener estos recuerdos vivos, para que todo el sufrimiento de tantos no haya sido en vano. Para nunca olvidar el significado de 'nuuchi du takara': la vida es un tesoro, en uchinaaguchi
¿Qué le impresionó más a usted, a través de comunicarse con la gente de Kitanakagusuku-son?
El cariño y el amor que sentí de la gente de Okinawa en general, y de Kitanakagusuku en específico me hicieron sentirme en casa. Yo tuve la suerte de que me recibiera en su casa una familia que no era la mía, y que sin embargo, desde el primer día me trataron como si lo fuéramos; me sentí como un hijo más. A ellos les debo que los momentos difíciles en esta beca hayan sido menos, y que la felicidad la haya podido compartir en familia.
¿Tuvo oportunidad de sentir fuertemente vínculo con Okinawa como nikkei, en el transcurso de esta beca?
Definitivamente, desde el primer día. Sentí que ese camino que había iniciado mi hiojiichan hace casi 100 años lo caminaba de vuelta, volver tras sus pasos y entender el cariño de esta gente sencilla y cálida como el sol me hacía sentir que, más que salir de casa, había regresado a ella. Creo que lo más importante que me traje de vuelta de este viaje, más allá de los omiyage, los aprendizajes y todos los buenos momentos, fue haberme encontrado con mi identidad. Darme cuenta que más que peruanos, nikkei, yonsei, o nihonjin, nosotros somos, ante todo, uchinaanchu (沖縄県系人). Y esto que siempre me habían dicho pero que nunca lo viví como allá y que lo aprendí de cada una de las personas que tuve la suerte de conocer y que lo resume la frase en uchinaaguchi 'ichariba choode': sin importar donde en el mundo estemos, desde que nos conocemos somos hermanos.
Un mensaje por favor, para los nikkei jovenes que están pensando postular a la beca.
Es un viaje de aprendizaje, que te cambia profundamente. Un viaje de ida a conocerse a uno mismo, y a volver a encontrarse con quienes fuimos y quienes somos ahora; nuestro lugar dentro de la comunidad okinawense y lo que podemos aportar con nuestro grano de arena en el mundo. A la vez, es una oportunidad única para experimentar en carne propia la alegría, el kimochi de los unichinaanchu, las ganas de vivir y el espírtu de salir adelante de un pueblo que sufrió muchas veces, pero que siempre se levantó de nuevo de sus cenizas para seguir. Les aseguro que todo el esfuerzo estudiando nihongo, aprendiendo en las clases vale la pena. Si tienen oportunidad de participar, por favor postulen con sus sonjinkai. No se arrepentirán.