Regresar

La cuarentena

Autor: Koki Higa

“Un egoísta es una persona que piensa más en sí misma que en mi”

(Ambrose Bierce)

Mientras vas leyendo estas líneas todos debemos de estar en la misma situación, es decir en cuarentena, llamada aislamiento social obligatorio. Solo salen a chambear los que están en ciertos rubros básicos para el funcionamiento de la sociedad en este momento de emergencia, solo compras indispensables y/o circunstancias médicas. En teoría no podrías ni sacar a tu perro a pasear.

Nos tomó de sorpresa esta medida, pero creemos que es necesario un sacrificio actual para un bien mayor futuro (o en todo caso, una desgracia menor en el futuro).  Caballero no más.

Pero, ¿qué me deja de aprendizaje estos días de aislamiento? Aquí algunas ideas virulentas:

● El virus no nos hace ni mejores ni peores. Ya éramos de esa manera desde antes. Algunas personas compran papel higiénico a montones no por el virus, sino porque siempre han sido poco empáticas, llenas de temores y completamente irracionales. ¿Acaso por estar confinadas van a cagar mucho más que antes?  La situación saca y amplifica lo que ya somos, ni más ni menos.

● Estaba tan alocado haciendo mil y un cosas en mi vida diaria “normal”, que nunca tenía tiempo para ver hacia dentro. Este momento me da la oportunidad para reflexionar sobre mí, mis rutinas de cada día y sobre todo para valorar y estar agradecido por la vida. Es cuando dejo de tener cuando recién aprecio lo que tenía (libertad de movimiento, salud, actividades, ayuda en casa, etc.)

● Ha sido un buen ejemplo de democratización del mundo. Sin importar la raza, credo, sexo, condición social, nacionalidad, todos (o casi todos) estaremos en casa mirando hacia la calle con nostalgia y ojos tristes.

● Todo el mundo está ahora conectado y todo lo que le pase al otro me afectará a mí. Somos parte de un mundo (sistema), ya no existen las fronteras y cada uno formamos parte del todo. Una enfermedad proveniente de un mercado de animales en una ciudad lejana de la China hizo que cerraran todos los negocios en el otro lado del planeta. ¿No será entonces un buen momento para dejar de competir y empezar a cooperar?

● ¿Me amoldo yo a las circunstancias o espero que el mundo se acomode a mis deseos? Espero sea lo primero porque lo segundo nunca jamás va a ocurrir.  ¿Qué tan flexible puedo ser con los cambios que se presentan en mi vida? Para mí no ha sido fácil acomodarme a la nueva rutina, antes estaba acostumbrado a las frecuentes reuniones de trabajo y sociales, a seguir una agenda agitada e implacable. Ahora estoy en casa queriendo callar a mis hijas varias veces al día. ¿Venden algo de paciencia y flexibilidad en la farmacia?

● Me va a dejar nuevos hábitos: a seguir lavándome las manos a cada rato, nada de estornudar tan libremente, ¿qué pasará con el beso y el abrazo, tan latinoamericanamente arraigados?, seré más celoso con la limpieza en todo sentido, caminaré sin zapatos en casa...

Y a ti, ¿qué te enseña esta situación tan sui generis?