Autor: Hoja de Limbo
La soberbia y la patanería por un lado y la mirada diplomática y respetuosa del otro. En ese largo apretón de manos entre Donald Trump y Shinzo Abe hay algo más que una señal de coincidencias. Las notas periodísticas hablan de esfuerzos conjuntos entre Tokio y Washington, alejando los fantasmas de desavenencias y posiciones duras del magnate estadounidense, pero quienes creyeron, hasta cierto punto, en un cambio radical frente a la política asiática podrían equivocarse. En realidad hay un espíritu de resignación que merece una lectura más cercana desde el lado de Abe y de las acciones que tomará.
Un detalle que se mantiene en la sombra es el Trump fuera de cámaras y reflectores. ¿Es tan irritante como parece o sobreactuar es una de sus virtudes? Abe bien podría darnos algunas pistas, en parte porque la visita oficial, que comenzó en la Casa Blanca y siguió en Florida, no fue breve y tuvo picos de audiencia. La partida de golf en el club privado del multimillonario republicano y la visita de las primeras damas Melania y Akie a los jardines japoneses del Museo Morikami en Palm Beach sugiere que fue especial y que hubo un programa de bienvenida bien intencionado.
Pero la parte protocolar fue más bien una demostración de la fuerza de Washington y de la caída de bruces del pelirrojo mandatario que está por abjurar de lo que sostuvo como candidato. Está confirmado, por ejemplo, que hace una semana se comunicó por teléfono con Xi Jinping y prometió respetar la existencia de una sola China y alejarse de Taiwán. Por otro lado, la imagen de cortar ese trance del apretón es memorable a partir del gesto forzado de desagrado de Abe. Aparentemente, mientras más sonreía, Trump le agarrotaba más la mano. ¿Premonición real del sentimiento del presidente estadounidense?
Hace unas semanas, el profesor universitario y analista internacional Oscar Vidarte mostraba su preocupación por la agenda política externa que Trump exhibía, pero que al mismo tiempo no podía ocultar sus propias fisuras: lo poco probable de la adaptación de ellas tirando por la borda años de tradición diplomática. Estamos asistiendo entonces a una especie de reconocimiento forzado de la inaplicabilidad de políticas del frente externo, lo que en un primer momento fue recibido con natural nerviosismo por el mundo.
«Muchas de sus propuestas en materia internacional o no son viables o son muy costosas, o va a tener muchos reparos internos, inclusive en su propio partido, el Partido Republicano (…) inclusive, critica sistemas, alianzas militares no solamente en Europa, a la OTAN, sino también en el Asia y menciona a Japón, Corea, Taiwán. Son muy costosas, que van mucho más allá del tema militar. Son alianzas políticas que tienen muchas décadas. Tengo la impresión de que si bien eso vende, es irrealizable completamente una vez llegado al gobierno. ¿Por qué? Sería nefasto para los intereses de Estados Unidos perder esas alianzas», subrayó Vidarte Arévalo.
Algo muy diferente está sucediendo con Latinoamérica, donde sí hay un cumplimiento con lo que pregonó cuando fue candidato presidencial. México viene sufriendo los embates de una política confiscadora y antiinmigrante y con Buenos Aires las cosas tampoco van bien. Una vieja disputa inmobiliaria entre el padre del hoy presidente Mauricio Macri, Franco, y el magnate a fines de los ochenta, se ha convertido en la punta de lanza de las diferencias. El fallido ingreso del empresario platense al negocio de viviendas le obligó a vender su proyecto al propio Trump en Manhattan.
La jornada sirvió para recordar que ya el abuelo de Abe, Nobusuke Kishi, también en calidad de primer ministro, jugó con el entonces presidente Dwight Eisenhower al golf y que Trump extendió su política de protección a Japón hacía el archipiélago de Senkaku que China supuestamente ha hecho suyas con el nombre de Diaoyu. Pese a todo, no es lugar demasiado remoto que Tokio esté evaluando otras formas de protección en el ámbito militar. Las autoridades de ese país ya habían adelantado a mediados del año pasado modificaciones constitucionales dirigidas a ampliar el papel militar de Japón, sin dejar lo de las Fuerzas de Autodefensa, cuando todos daban por descontada una victoria de Hillary Clinton. Habrá que ver qué movimientos ejecutarán desde el Crisantemo.